Mercadillo de Toledo en la web

Ruta del Toledo esotérico

1. Las momias de San Andrés

(Nos situaremos detrás de la Iglesia de San Andrés)

Y qué lugar más apropiado que este Callejón de los Muertos, situado tras el ábside de la Iglesia de San Andrés en que nos encontramos, para hablar de LAS MOMIAS DE TOLEDO.

Toledo fue, es y será una gran necrópolis; un inmenso cementerio pues cada Iglesia, cada convento, cada rincón, calleja o callejuela de esta intrincada ciudad, es potencialmente un cementerio entre los que han vivido y viven los toledanos.

Pero, ¿qué son las momias? Se trata de cuerpos momificados, es decir, conservados, debido a las especiales características climáticas o micro climáticas que se ha creado a lo largo de los siglos en el interior de las iglesias en unión a otra serie de factores físico-químicos, que existen o, al menos han existido, en nuestra ciudad.

De lo grupos de momias más conocidos de que tenemos constancia, y quiero resaltar esta circunstancia por cuanto Toledo, como caja de pandora, reserva en su seno multitud de misterios y sorpresas a desvelar con el devenir de los tiempos, destacan los de la Iglesia de San Román y los del ábside de esta Iglesia de San Andrés, éstos últimos visitados personalmente por mí si bien hace bastante tiempo, al igual que hacían otros muchos toledanos previa propina o previo engaño, como jóvenes infantes que éramos, al sacristán de la Iglesia.

Al "enterramiento" por llamarlo de alguna manera, de estas momias toledanas se accedía a través de una pequeña puerta inclinada que hay en la Capilla de la Virgen de la Paz de esta parroquia. Se trataba, os lo podéis imaginar, de un oscuro callejón hacia la nada u obscuridad, del que había que alumbrarse a la luz de una triste vela situada sobre una palmatoria. Se trató de una pequeña aventura. Había que bajar más o menos unos dos metros de inclinada escalera y allí, a la luz parpadeante de la vela, me encontré en compañía de decenas y decenas de momias en la semipenumbra. Recuerdo que con la palmatoria fui recurriendo lentamente la estrechez del habitáculo y me produjo gran impresión las caras de los muertos, los cuerpos amontonados que parecían, no os riáis, de cartón. Tal vez por eso no me produjo miedo alguno la visita a tan siniestro paraje. Todos los cuerpos que allí había curiosamente estaban de pie, no tumbados, y entre ellos y sus restos de vestiduras que portaban, recuerdo que había un cura y al que pude distinguir porque llevaba aún la casulla y un bonete puesto. Había también mujeres, hombres y niños. Algunos de los cadáveres incluso mantenían el pelo en sus cabezas. Pero sí que hubo algo que me produjo temor, era la visión de sus mandíbulas caídas y las manos entrelazadas como entrelazados también estaban los cuerpos. El hecho es que tras la primera impresión, como veis bastante tenebrosa, acabé familiarizándome con la macabra visita.

Hace poco tiempo un vecino mío, de quien no diré su nombre por no ser importante al caso, ha bajado a visitar las momias de este templo y que se encuentran precisamente aquí, al otro lado de esta pared, y la descripción entre los recuerdos que a mí me quedan de este hecho y los que él me ha aportado, si no opuestos si que pudieran considerarse contradictorios. Resulta que con motivo de unas obras pequeñas que se hicieron en la Iglesia los albañiles, guiados por la curiosidad como cualquiera de nosotros, seguramente, hubiéramos hecho. Por lo pronto, ya se había instalado luz eléctrica si bien se trataba de una mísera bombilla en la escalera por lo que la impresión no podía ser bien distinta de la que ya he relatado. El desorden era mayúsculo. El cura no tenía mandíbula y la casulla que lo identificaba prácticamente había desaparecido. Incluso algunos cadáveres tenían cuerdas atadas al cuello o a los brazos y estaban esparcidos por el suelo como si en alguna ocasión hubieran sido arrastrados. Otros cuerpos estaban mutilados.

Pero, ¿de dónde proceden estas momias? Según algunos estudiosos de Toledo y lo toledano, estos cadáveres bien pudieran tratarse del resultado de una reordenación de la Iglesia y que serían puestos en la bóveda que hoy ocupan; para avalar esta hipótesis diremos que en realidad no se trata de un lugar de enterramiento sino de un hueco para salvar el desnivel existente del ábside de la Iglesia. Otra hipótesis vendía a decir que se trata de miembros de una misma familia pero lo tenemos que refutar porque las lápidas funerarias están situadas en otros lugares de la Iglesia y no tendría ningún sentido que la tumba estuviera en un lugar y el cuerpo en otro. La hipótesis más valorada vendría a decir que se trató de fieles de la propia parroquia enterrados en la nave de la Iglesia o en el Claustro de la misma y que había y que en el año 1987 salió a la luz gran parte de él, al derribar la casa colindante con la capilla de la Virgen que antes había mencionado y del que quien os habla ha tenido la "suerte" de formar parte pues trabajó en el descubrimiento del mismo y de los enterramientos que aparecieron allí, algunos de los cuales dataron de la Edad Media. Así, probablemente dadas las escasas dimensiones que presentaban el Claustro y su patio, se decidiera el traslado de los cuerpos hasta la bóveda antedicha y en una fecha no determinada.

Pero momias las podemos encontrar dispersas a lo largo de toda la geografía toledana, no solo en los lugares mencionados. Una conocida momia se encuentra en la Iglesia de San Cipriano, bajo el altar mayor y se trataba del restaurador del templo en el año 1613, el Dr. D. Carlos Venero de Leiba, quien se encuentra vestido con ornamentos sagrados y con la particularidad de que sus zapatos no tienen suela; ello es así para que los asistentes pudieran contemplar su incorruptibilidad.

Asimismo, en el Convento de San Clemente tenemos las momias de las denominadas "Trece venerables", correspondientes a otras tantas monjas del convento. Y otros muchos lugares.

Hoy día, superada la teoría de nuestros padres y abuelos y antepasados en general de que la incorruptibilidad de los cuerpos era sinónima de santidad, la gran mayoría de estas momias han desaparecido de la vista pública para ocultarse en las oscuras y secretas bóvedas toledanas para recuperar el reposo que, quizás durante siglos, se le ha negado.

2. El Cobertizo del Pozo Amargo

(Nos situaremos en el Cobertizo del Pozo Amargo)

Ahora nos encontramos en el cobertizo del Pozo Amargo, uno de los grandes desconocidos y más hermosos de estos edificios toledanos. Sin duda cargado de misterio. No nos referiremos en esta ocasión a la famosa "Leyenda del Pozo Amargo" que se desarrolla en el pozo que ocupa el centro de la plaza. Hemos venido aquí porque desde el siglo XVI este era el barrio, por excelencia, ocupado por las famosas hechiceras toledanas.

De entre las diversas manifestaciones de la magia que han tenido lugar en Toledo, y que dieron fama a la ciudad por la "calidad" de sus aciertos, sin duda la más popularizada a lo largo de los siglos, incluso hasta nuestros días, ¿quién no ha oído hablar del llamado "mal de ojo", destaca sobre todas ellas la HECHICERÍA.

La hechicería consistía en efectuar un maleficio sobre alguien por medio de prácticas supersticiosas. Hemos de destacar estos dos conceptos básicos: se trataba de crear un maleficio contra otra u otras personas al objeto de ganar su amor. Estos dos caracteres contribuyeron decisivamente a considerar los hechizos como prácticas diabólicas que debían ser, indudablemente, reprimidas por el Santo Oficio de lo que hablaremos más tarde aunque se tardó en dar la orden de persecución contra las hechiceras.

El Tribunal del Santo Oficio, o de la Inquisición como es más comúnmente denominarlo, tardó cuarenta y cinco años en actuar contra la primera de las hechiceras toledanas que se llamaba Leonor Barganza. Su fama era legendaria en Toledo. Esta mujer siempre anduvo vestida con hábito de beata y su mayor virtud consistía en desenmarañar o desenredar los amores torcidos. Tal fama tuvo que nos Inquisidores no quisieron saber nada de ella hasta que el cúmulo de denuncias fue tal, imagino que de maridos o mujeres insatisfechos, que se vieron compelidos a detenerla.

Entre sus principales clientes se encontraban las prostitutas de la ciudad, a las que hacía encender todas las noches un candil con la mecha mojada en semen para conservar el mayor número de clientes posibles; y altas personalidades de la vida toledana. Tampoco faltaron los clérigos toledanos.

Las callejas toledanas eran mudos testigos de las diarias correrías de estos peregrinos personajes aunque, como ya he dicho anteriormente, la Inquisición no quería darse por enterada.

Pero la que fue considerada como la mejor hechicera toledana de todos los tiempos pue Inés del Pozo. Cuentan los cronistas que durante toda la noche era normal el sigiloso trasiego de hombres que acudían a la casa de ésta a fin de que les devolviera la virilidad que les habían arrebatado otras hechiceras toledanas, la competencia. Para ello, que quien se vea reflejado en este mal tome buena nota del hechizo, utilizaba unos granos de sal, culantro y una cinta del enfermo y con los correspondientes conjuros se creían sanar. Sin embargo su principal especialidad fue conseguir que las mujeres abandonadas recuperasen a sus maridos para ello requería de la mujer que le aportara alguna ropa de su marido que estuviera manchada con semen (dada la falta de higiene de la época imagino no difícil cumplir esta condición) y esperaba a la media noche, hasta entonces la habitación permanecía a oscuras. Al llegar la medianoche encendía un candil y recitaba lo siguiente:

"Conjúrote, semilla, así como del cuerpo de Fulano fuiste salida y de su cerebro destilada, conjúrote Barrabás, con Satanás, con el Diablo Cojuelo que puede más, que así como te has de quemar, así se queme Fulano por mí, que no pueda sosegar hasta que no venga a mi mandar".

Después quemaba la prenda y todo solucionado.

Esta mujer fue condenada por el Santo Oficio a diez años de destierro y doscientos azotes.

Quisiera en este momento hacer un paréntesis para destacar la referencia que en las crónicas españolas de la época se hace al "diablo cojuelo" como uno de los más eminentes diablos de la corte infernal y como vemos en este ejemplo, incluso con superioridad sobre Satanás. No deja de ser curioso. ¿No?.

Los hechizos los había para todos los gustos, desde la utilización del semen del interfecto o de granos de sal, hasta los más diversos materiales de cocina; es notable destacar como la finalidad principal era la de que tal o cual persona, "Fulano" en los conjuros, se enamorara del cliente o, caso contrario vengarse de él o ella. Uno de los conjuros se hacía echando unas habas en el suelo:

"Conjúroos habas
por San Pedro y San Pablo
y con el apóstol Santiago
con el portal de Belén
en la casa santa de Jerusalén
con el mar y las arenas
con el cielo y las estrellas
que si fulano me quiere salga conmigo junto
y si no me vuelva las espaldas y salga con otra mujer".

Esta oración se hacía en voz alta con dos habas metidas en la boca, una macho y otra hembra.

También se utilizaban las cartas, pero no debemos confundir la hechicería con la cartomancia la cual tenía por objeto predecir el futuro a través de los naipes. El conjuro era el siguiente:

"Conjúroos naipes
con Adán y Eva
con el clérigo que la misa celebra,
con el norte y los marineros guía,
y que me digas la verdad
si es que fulano me quiere bien
que salgamos juntos".

Otra hechicera, Antonia de Mejía, para conseguir el mismo efecto utilizaba el corazón de los animales, la receta era la siguiente, apuntad:

"Se valdrá de un solo corazón, (al parecer el de carnero negro era el más eficaz de todos) y se le clavan minuciosamente unos alfileres. Hecho esto en un puchero se le coloca a cocer en fuego lento aliñado con vinagre y sal".

Después a merendárselo.

Otra, en vez de un corazón cocía tres corazones de ternero en vinagre y orines de mujer si era esta quien pretendía atraer al hombre, o de hombre si el caso era a la inversa. En cada corazón luego ponía tres clavos, tres agujas y tres alfileres y había que hacerlo durante nueve días pues utilizaba tres días para hacer cada corazón. Mientras hacía esto murmuraba una serie de conjuros y salía luego al corral de su casa entre las once y las doce de la noche a conjurar las estrellas. Al décimo día entregaba el corazón a la clienta y... ¡que aproveche!.

He hecho mención precisamente al conjuro que se hacía a las estrellas. Este aparece reiterado en multitud de procesos inquisitoriales contra las hechiceras y no querría terminar esta parte de la ruta sin reproducirlo en este momento. Decía así:

"En esta mano yo te conjuro estrella
la más alta y la más bella que en el cielo está
como conjuro uno conjuro dos
como conjuro tres conjuro cuatro
... - así hasta nueve...
todas nueve os juntareis
por el río Jordán pasareis
por el monte Olivete entrareis
y el cuchillo de cachas negras me buscareis
y por las muelas de Barrabás y Satanás de moleréis
tres varitas de mimbre negra me cortareis
tres clavos sean los dos en el corazón
y el otro en la cabeza".

Había que decir esta oración desde la ventana y mirando una estrella en concreto.

Pues bien, estas son diversas recetas para curar el mal de amores, o mejor dicho la falta de ellos. Si después de esta lección no encontráis pareja, al que le falte, que no se preocupe que aún quedan las discotecas.

3. El Callejón del Diablo


(Nos colocaremos en el Callejón del Diablo)

Nos encontramos en este momento en la encrucijada conocida en Toledo como el Callejón del Diablo y ningún nombre más apropiado que éste para tratar el tema de la Brujería en la ciudad, principalmente en los siglos XV y XVI.

La principal característica que nos llama la atención de las brujas toledanas respecto de las de otros lugares es su carácter proteiforme, es decir, se podían presentar en forma humana, animal o de algún objeto cualquiera.

Una crónica nos las describe como "mujeres enlutadas y de mal aspecto, que corrían por los tejados, tocando las castañuelas y cantando mientras duraban las correrías.

Pero ahí no queda todo, hay incluso quien llega a afirmar que las brujas podían adoptar la forma de un ovillo de hilo y cuando alguien se acercaba a cogerlo se ponían a rodar a toda velocidad sin dejarse coger por quien lo perseguía.

Las brujas eran capitaneadas por una jefa, la que de entre ellas tenía mayor prestigio, y era necesario que siempre estuvieran acompañadas de un hombre a quien, por supuesto, elegían ellas mismas. A este hombre se le llamaba el "zángano". Seguramente habréis oído hablar a la gente y llamar a alguien por este nombre.

También las brujas se presentaban con formas animales: gatos, cabras, cerdos, etc. Y diversidad de objetos como botijos, jarras, vasos, etc. los cuales al romperse originaban a la bruja la rotura de un brazo, una pierna u otro cualquiera de sus miembros.

Algún autor llega incluso a afirmar que "para salir de casa las brujas se echaban a dormir y el espíritu se separaba del cuerpo; éste quedaba en la cama mientras aquél salía a hacer sus excursiones diabólicas" Se trataría, sin duda, de una primitiva explicación de lo que hoy conocemos como "viajes astrales".

Pero lo que sin duda más nos ha de llamar la atención, sobre todo si tenemos en cuenta que hoy en día aún perdura en la mentalidad de las gentes, no solo de Toledo, sino de gran parte de España, es el llamado fenómeno del "Aojamiento", o "Mal de Ojo". ¿A que habéis oído hablar de él en alguna ocasión? El mal de ojo era un maleficio que las brujas, o las mujeres envidiosas echaban a los niños. Se detectaba si ésta criatura se encontraba triste y decaída sin aparente casusa externa. Para saber si estaban "aojados", las madres se dedicaban a echar unas gotas de aceite sobre un recipiente de agua: si las gotas conservaban la forma original, era buena señal. Por el contrario, si la gota se deformaba, aparecía el semblante de la bruja malhechora y se confirmaba el diagnóstico.

Pero para ello había solución, se podían colgar del cuello del niño algunos amuletos, tales como un pedazo de cuerno de ciervo o unos diminutos evangelios y se le hacía a la criatura la señal de la cruz sobre la frente.

Pero sin duda, la manifestación más interesante de las brujas eran los AQUELARRES. No hay noticias claras de verdaderos "aquelarres" en Toledo, ni de lugares especiales donde realizarlos. A pesar de todo existen informes que hablan de la constitución de alguna de tales reuniones. El aquelarre era una reunión quimérica de lujuria y desenfreno presidido por el principio procreador infernal representado por el "macho cabrío" o por el "zángano" como anteriormente he mencionado.

Se realizaba alrededor de una gran hoguera. Allí las brujas se reunían y comenzaban a danzar sobre el fuego frenéticamente. Cuando estaban a punto de entrar en éxtasis, unas a otras se extendían una untura que las hacía casi enloquecer (sería como un brebaje, o una moderna droga para que nos entendamos) y perder la noción de la realidad. Cuando alcanzaban el éxtasis, si había de haber algún nacimiento el macho cabrío se encargaba de la cópula con cualquiera de ellas. Si no, y esto era lo más generalizado, unas a otras se introducían los palos de las escobas en los genitales como si de un coito se tratara. Pasado el tiempo, cuando estaban extasiadas, quedaban durmiendo y entonces la poción producía otro de su más importante efectos cual era que no recordaban nada de lo que allí había ocurrido. Ellas se daban cuenta de que se había realizado el acto sexual pero no sabían con quién y lo achacaban al macho cabrío (representante éste de Satanás). Esta es la razón por la que a las brujas siempre en nuestra mente, curiosamente, las representamos con las escobas. ¿Curioso, no?.

4. La Cueva de Hércules

Durante el siglo XV hay un gran revuelo en Toledo. En la ciudad existía un importante círculo de ALQUIMISTAS. La alquimia podríamos definirla como el conjunto de especulaciones y experiencias de carácter generalmente esotérico, relativas a las transmutaciones de la materia, que influyó en el origen de las ciencias químicas. Digamos, en suma, que fueron los alquimistas los primeros químicos de la historia y, por tanto, brujos. Su principal finalidad era la búsqueda de la piedra filosofal y de la panacea universal. Algunos autores toledanos suponen que estos alquimistas fueron los autores del más famoso tratado de alquimia, el "Libro del Tesoro o del Condado".

A esto unido, la psicosis se hacía reina de las noches de la ciudad. El Arzobispo Alonso Carrillo de Albornoz, enterrado en la capilla de San Ildefonso de la Catedral , condenó a muerte a uno de estos alquimistas el cual fue degollado en la Plaza de Zocodover sobre una espuerta de paja tendida en el suelo.

La propia reina Isabel la Católica mandó destruir la estatua yacente situada en el monumento sepulcral del nigromante Alvaro de Luna, situada en la Capilla de Santiago de la Catedral. Esta estatua era singular pues con solo tocar un resorte la estatua se levantaba e hincaba de rodillas permaneciendo en esta postura durante la Consagración , volviendo después a la posición horizontal.

El clima psicológico que se respiraba en la ciudad no era dado a magias o técnicas que tuvieran algo que ver con lo sobrenatural: ruidos, sucesos extraños o personajes peculiares que conmovían a las gentes bastante aterrada de por sí por la vigilancia de la Inquisición. Las habladurías aumentaron con el extraño suceso del Miércoles Santo de 1521. Tras el Oficio de Tinieblas uno de los fieles se quedó dormido en un rincón oscuro de la Catedral Primada ; cuando quiso despertar el templo estaba ya cerrado y él en su interior, y al dirigirse a golpear alguna de las puertas para que alguien pudiera oírle y, en consecuencia, liberarlo vio una extraña procesión que venía hacia él. Vio dos largas filas de esqueletos cubiertos de ropas podridas y presididos por otro esqueleto revestido de obispo y con una mitra ensangrentada en la cabeza. La procesión dio la vuelta por la Catedral y desapareció en la cripta. A la mañana siguiente fue liberado pero a los pocos días murió al parecer de la impresión recibida.

Desde este momento se empieza a correr de boca en boca que en los misteriosos subterráneos de Toledo ocurren cosas infernales y se llega a hablar, incluso, de la aparición de monstruos y fantasmas en las noches de luna llena. Tal cariz llegó a tomar la cosa que a mediados del siglo XVI el Cardenal Siliceo, hombre ilustrado como el que más e incrédulo en las supersticiones del vulgo, ordenó efectuar un reconocimiento del lugar más terrorífico de Toledo, la Cueva de Hércules. El mismo se efectuó en el año de 1546. Se comenzó por destapar la entrada de la cueva, lodada de piedras por temor a lo que por su boca pudiera salir; tengamos en cuenta que este barrio, concretamente las cercanías a esta Cueva, eran lugar vetado de los toledanos quienes jamás se atrevían a pasar por los alrededores y cuando lo hacían era de corrido. Cuentan las crónicas que entraron en ella algunos hombres provistos de linternas, cuerdas y agua y comida. Dicen, asimismo, que entraron muy de mañana pero salieron al anochecer y al hacerlo declararon, con ojos desorbitados, que caminaron de este a oeste con gran dificultad y cuando habrían llevado unas cuatro o cinco leguas se toparon con unas enormes estatuas de bronce situadas sobre un altar. Del choque una de las estatuas cayó a tierra y el estruendo que causó les produjo gran terror. Aún así siguieron caminando a la luz de las antorchas y encontráronse una cascada de agua. No se atrevieron a atravesarla según sus propios comentarios por la gran fuerza con que el agua corría y por no haber tenido orden de hacerlo. Desde allí se volvieron todos los expedicionarios ateridos de frío y humedad a pesar de ser verano en la fecha en la que entraron. Sigue contando el cronista que al poco tiempo los exploradores enfermaron y murieron.

Tal fue la impresión que debió causar el hecho al gran Cardenal que, cuenta el cronista, a los pocos días mandó cerrar y lodar la entrada a la Cueva.

"En los subterráneos de Toledo permanecen ocultos antiguos y terribles secretos" , así lo afirmó el gran literato Edgar Allan Poe.

5. La Iglesia de San Pedro Mártir

No podía faltar en esta ruta que estamos realizando esta noche, una referencia al Tribunal del Santo Oficio (Inquisición) gran perseguidora de todas estas prácticas que hemos relatado.

Para ello voy a relatar una crónica del siglo XVI, de Sebastián de Orozco, a quien algunos historiadores atribuyen la paternidad de "El Lazarillo de Tormes". Este nos dejó un manuscrito en que relata algunos de los sucesos más importantes acaecidos en la ciudad. Tal es el caso del Domingo de la Stma. Trinidad , día 17 de junio de 1565. Cuenta que ése día salieron de esta Iglesia de San Pedro Mártir, como era acostumbrado, y siempre haciendo el itinerario contrario al que actualmente realiza la Procesión del Corpus Christi, cuarenta y cinco personas hasta la plaza de Zocodover. De esas cuarenta y cinco personas, once eran "relaxados", es decir, estaban destinados a la hoguera. Los demás fueron azotados. Dicha procesión estaba encabezada por la cruz de palo (verde) que se solía llevar cuando había quemados y tras ella iban todos los familiares del Santo Oficio. Tras ello iba la cruz de San Vicente y los clérigos de esta. La causa principal de la muerte en la hoguera era la brujería y el ser hereje luterano. Si a alguno de estos condenados por cualesquiera de estas causas no se les prendía, eran ejecutados en efigie. Un dato curioso a destacar es que a los que habían de ser quemados en el brasero de la Vega , previamente se les ahogaba.

Hay una crónica curiosa de Sebastián de Orozco acerca de uno de los condenados que por la claridad de su exposición voy a pasar a relatar a continuación, dice:

"El otro relaxado y quemado fue el doctor Segismundo, de nacion sardo, y aun dizen ser de buena parte. Era grandíssimo letrado, doctor in utroque, habilíssimo, aunque para lo que le convenía a su salvaçión que fue muy torpe. Y tuvo el demonio en él mucho poder. Este desventurado, como gran hereje que era, vino a estas partes a derramar su ponçoña. Y como fue sentido fue preso en Madrid y traido a la cárcel de este Sancto Ofiçio donde estuvo preso nueve años porque como era de partes remotas y su nogoçio no estaba tan claro, fue neçesaria la dilaçión. El estuvo siempre negativo hasta que después siendo convençido y no pudiendo negar la verdad, vino a manifestar y descobrir su ponçoña y declararse por grandíssimo hereje luterano. Este, en el tiempo que estuvo preso, se soltó noche de la cárcel del Sancto Ofiçio y se fue y huyó. Y el Sancto Oficio hizo granduna es diligençias en su busca. Y tomó los puertos y finalmente fue hallado y tornado a traer. Este, al tiempo que por el fiscal le fue puesta la acusaçión, respondió y escribió de su propia letra y mano çiento y setenta hojas de papel paliando su maldad porque era como dicho es, habilíssimo y grand letrado por lo qual y por otras causas que a los señores inquisidores movieron, le castigaron por el quebrantamiento de la cárcel. Finalmente, sacado en este aucto, él se mostró y declaró por grandíssimo hereje, luterano. Y aunque se hizo todo lo posible para le convertir y que muriese xpiano, no aprovechó. Antes dezía y publicava que todos se perdían por lo qual le mandaron echar una mordaza a la lengua. Y así salió con ella. Y allá en el brasero tampoco aprovechó. Y así fue quemado. Si éste todavía escapara quando se soltó, hiziera grandíssimo daño. mas no permitió Dios que emponçañése otros ni que él quedase sin castigo de su culpa. Al tiempo que fue quemado, estando en el brasero con el escribano de la justicia seglar a la qual avían sido entregados los relaxados, tenía entendido que conforme a lo mandado y preveído por su magestado en otros delitos, no se devía asaetar ni ajusticiar hombre vivo sino que avía de ser primero ahogado. Quiso que le ahogasen. Mas visto por todos los que allí se hallavan que este estava tan pertinaz y que tan hereje moría. porfiavan en le quemar vivo. Y sobre esto ovo allí en el brasero una escarapela. Y ovo alguno o algunos que con una alabarda y otras armas le dieron algunas heridas. Y de esta manera, medio vivo medio muerto en fin le pegaron fuego. Y murió el malaventurado en su heregía y pertinaçia".

6. La Casa de las Cadenas

Nos encontramos en este lugar tan emblemático de la maledicencia. La Casa de las Cadenas donde, cuenta le leyenda, el judía elaboraba las cadenas con las que fueron apresados los cristianos de Granada y que hoy figuran colgadas sobre los muros de la Iglesia de San Juan de los Reyes.

La parte que en este momento toca relatar no se desarrolló en este lugar pero lo considero como el lugar más adecuado para ello.

Resulta que próximamente celebraremos el 4º Centenario de Fernando de Rojas, el autor de " La Celestina ". Bien es cierto que el autor, de la cercana localidad de La Puebla de Montalbán, se cuidó de señalar un lugar concreto donde se desarrollaba su relato pero no lo es menos que a entender de algunos historiadores, por los lugares descritos y el ambiente en que las escenas se desarrollan, bien pudiera ser localizada la obra en la Ciudad de Toledo.

Y es que en este momento voy a leer un conjuro, el que realiza Celestina para conseguir el enamoramiento de Melibea sobre Calixto.

En la escena Celestina se prepara de un bote de aceite de serpiente, agua de mayo, sangre de cabrón y unas pocas de las barbas de éste, tras ello leía en un manuscrito escrito con sangre de murciélago, emponzoñando unos hilos que se habrían de entregar a Melibea para su encantamiento:

"Conjúrote, triste Plutón, señor de la profundidad infernal, emperador de la corte dañada, capitán soberbio de los condenados ángeles, señor de los sulfúreos fuegos que los hirvientes étnicos montes manan, gobernador y veedor de los tormentos y atormentadores de las pecadoras, ánimas, regidor de las tres furias, Tesífone, Megera y Aleto, administrador de todas las cosas negras del reino, de Estigie y Dite, con todas sus lagunas y sombras infernales, y litigioso caos, mantenedor de las volantes arpías, con toda la otra compañía de espantables y pavorosas hidras. Yo, Celestina, tu más conocida cliéntula, te conjuro por la virtud y fuerza de estas bermejas letras, por la sangre de aquella nocturna ave con que están escritas, por la gravedad de aquestos nombres y signos que en este papel se contienen, por la áspera ponzoña de las víboras de que este aceite fue hecho, con el cual unto este hilado; vengas sin tardanza a obedecer mi voluntad y en ello te envuelvas y con ello estés sin un momento te partir, hasta que Melibea, con aparejada oportunidad que haya, lo compre y con ello detal manera quede enredada, que cuanto más lo mirare, tanto más su corazón se ablande a conceder mi petición, y se le abras y las times del crudo y fuerte amor de Calisto; tanto que despedida toda honestidad, se descubra a mí y me galardone mis pasos y mensaje; y esto hecho, pide y demanda de mí a tu voluntad. Si no lo haces con presto movimiento, ternásme por capital enemiga; heriré con luz tus cárceles tristes y escuras; acusaré cruelmente tus continuas mentiras; apremiaré con mis ásperas palabras tu horrible nombre. Y otra y otra vez te conjuro; y así confiando en mi mucho poder, me parto para allá con mi hilado donde creo te llevo ya envuelto".

Toledo, a veinticuatro de octubre de mil novecientos noventa y ocho.