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Ruta del Greco

1. El jardín del Tránsito


(Nos situaremos al lado del monumento dedicado a Doménico Theotocopuli)

De la vida de Doménicos Theotocópuli, el Greco, lo más importante que interesa destacar es el enfrentamiento que siempre dominó su vida. Poco sabemos de ella, gracias a Dios, salvo lo que reflejan sus obras, y en éstas la contradicción se aparece siempre como esencia de su ser: lo bueno y lo malo; lo blanco y lo negro, etc.

Poco sabemos de los motivos que condujeron a este artista desde la lejana Creta hasta la ciudad de Toledo, pasando previamente por las sublimes capitales de la cultura en el siglo XVI como fueron Venecia y Roma. En estas dos últimas ciudades, el arte que él amaba, la pintura, vivía su época de máximo apogeo si cabe. Y sin embargo no tardó en marcharse de esas dos ciudades. ¿Qué impulso, entonces, a este hombre misterioso, desde su remota isla hasta las colinas que rodean el Tajo?. Gregorio Marañón en su obra "Elogio y Nostalgia de Toledo" lo explica en el sentido de considerar que Venecia era una orgía de luz y de sensualidad, pero en esa orgía el Greco era un sonámbulo. Hay una anécdota curiosa al respecto: Clovio, que era amigo, maestro, protector y compatriota de Doménicos Theotocópuli, un día fue a buscar al Greco a su estudio veneciano para pasear por la ciudad. Era un espléndido día de primavera donde el sol hacía estallar en el aire los colores de los gallardetes y el vuelo sensual de las palomas de San Marcos. Pero he aquí que al entrar en el estudio del cretense, le pareció vacío pues estaba a oscuras y en silencio; sin embargo en un rincón encontró al artista meditando, junto a las ventanas que mantenía cerradas a cal y canto y tapándose los ojos con la palma de la mano. Cuenta Clovio que al preguntarle qué hacía ahí, en tinieblas, cuando toda Venecia resplandecía de luz, el Greco le contestó "Mi luz está dentro de mí". Dice Clovio que "la luz del día turbaba su luz interior".

En Roma entró en contacto con genios de la pintura de la época, pero los talleres de Tiziano, Tintoretto no le decían nada. En la Ciudad Eterna entró en contacto con Miguel Ángel de quien dijo cosa extraordinaria: "Es un pobre hombre que no sabe pintar". No es de extrañar que durara tan poco tiempo en la ciudad.

A pesar de todo, su fama entre los intelectuales, después frustrada como veremos, se fue acrecentando con el tiempo y este prestigio es el que le llevó a colaborar en la gran obra de Felipe II, el Escorial. En España entró en contacto con ellos, uno de los cuales fue Juan de Herrera, el arquitecto de El Escorial. Aquí apreciamos otra de las grandes contradicciones entre dos genios y artistas. Los dos estuvieron en la misma época en Toledo y es en esta ciudad donde el artista de sensibilidad tan clásica y tan rígida entró en contacto con el artista de expresión revolucionaria, apasionada y libérrima. En lo superficial, el Escorial y un cuadro del Greco son dos polos opuestos: el orden máximo, y la máxima rebeldía. Para Juan de Herrera, según sus propias palabras, ningún lienzo cuadraría en la geometría del Monasterio como los alucinados y armoniosos que había visto en el taller del barrio de la Judería; hasta el punto de que a palabras del propio Herrera: " si El Escorial es la parrilla en que sufrió el martirio San Lorenzo... las llamas del fuego de esa parrilla podían serlo las figuras alargadas y trémulas del singular pintor ".

La mente cuadriculada, centro europea, de Felipe II no acertó a comprender nada de esto y "El martirio de San Mauricio" nunca llegó a gozar del agrado del monarca.

Os estaréis preguntando qué hacemos en este lugar, tan lejano de donde creíais que íbamos a acudir ahora; la "Casa del Greco". Pues bien, la Casa del Greco no es tal. La auténtica casa, su solar pues ya no existe, se encontraría en este mismo lugar que hoy está ocupado por el Jardín del Tránsito en donde, certeramente en mi opinión, se colocó el monumento al artista. El museo que hoy se conoce con tal nombre no era otro que el Palacio del Marqués de Villena convertido, a comienzos del siglo XX en casa del siglo XVI con mobiliario de la época. Ahora bien, tampoco cabe llevarse las manos a la cabeza. El Greco sí estuvo en tal lugar porque el Marqués de Villena fue, durante mucho tiempo, su mecenas (quien ponía el dinero, vamos) personaje este estranvótico y no pocas veces en el punto de mira del Santo Oficio, pero ello es objeto de otra ruta que no es al caso.

2. La Catedral de Toledo


(Nos situaremos en la Plaza del Ayuntamiento, con la fachada principal de la Catedral de fondo)

Como ya hemos dicho anteriormente, de la vida del Greco sabemos muy poco. He encontrado una referencia a él por parte de un fraile historiador de la Orden de los Jerónimos, el padre Sigüenza quien nos habla: "De un Doménico Greco, que ahora vive y hace cosas excelentes en Toledo, quedó aquí (El Escorial) un cuadro de San Mauricio y sus soldados, que lo hizo para el propio altar de estos santos. No le contentó a Su Majestad; y no es mucho, porque este pintor contenta a pocos, aunque dicen que es de mucho arte y sabe mucho... Lo hecho con afeite y apariencia puede engañar al sentido ignorante y con ello se contenta a los pocos considerados e ignorantes. Pero los santos se han de pintar de manera que no quiten las ganas de rezar". Frase lapidaria. Según el padre Sigüenza y creo ver en él también la opinión de los cortesanos y religiosos y en general de todos los que rodeaban al monarca. A la gente de la calle, al pueblo en suma, sí gustan los cuadros del Greco. Es decir, la apariencia brillante, colorista y artificiosa de estos cuadros contenta "los pocos considerados e ignorantes".

Esto nos plantea una disyuntiva: ¿por qué estos cuadros eran gratos al vulgo, y no lo eran para los cortesanos y el Rey mismo?. La solución nos la proporciona el propio padre Sigüenza, dice que porque estos cuadros eran "poco religiosos" Los santos del Greco les quitaban las ganas de rezar. Por lo tanto llegamos a la conclusión, en definitiva, que la desaprobación del Rey y de sus cortesanos a la pintura del Greco se debió a motivos religiosos y no artísticos. El catolicismo centro europeo, austríaco, la intransigencia contra la Reforma, todo ello mezclado resulta incompatible con la interpretación libre, arbitraria del pintor cretense. Por el contrario, esta misma libertad sí la llegó a comprender la gente de la calle y hacía que ésta amase los cuadros del Greco. En ellos el pueblo encontraba a sus santos y a Dios. El pueblo se emocionaba ante los santos y ángeles y vírgenes del Greco; todo lo contrario sucedía a Felipe II, a pesar de ser este rey uno de los espíritus más delicados de su tiempo, y al contrario que el monarca, el pueblo se arrodillaba ante ellos.

Prueba de ello lo tenemos en que el artista no dio abasto para proveer de cuadros con motivos religiosos a todas aquéllas iglesias que se los pedían. Este es el caso de que algunas versiones de sus santos, por ejemplo el "San Francisco" se repita hasta la saciedad. El Greco repitió lienzos casi en serie. Algunos médicos psiquiatras han querido ver en esta obsesión repetitiva alguna perturbación mental; si bien es cierto que la idea más plausible es mucho más sencilla: era una industria forzada por la demanda de las Iglesias.

Aquí encontramos otra curiosidad: ¿Qué iglesias eran estas?. Precisamente no eran las más solemnes ni de mayor importancia, sino los templos más humildes, en los más dispares pueblecitos de toda Castilla y otros lugares de España.

Claro está que hubo excepciones, ya hemos hablado del "Martirio de San Mauricio" del Escorial. Pero aquí precisamente, en la S.I.C.P. tenemos otra excepción, con anécdota incluida, "El Expolio".

El Greco era un "carero". No regalaba sus cuadros y era un vanidoso y un soberbio de carácter incluso insoportable. Cobraba más alto que los demás pintores de su tiempo. Hasta tal punto llegó en sus peritaciones que entablado un pleito (se le llegó a llamar el artista de los pleitos) entre el Cabildo de la Catedral y el propio artista por el precio que se debía pagar por este cuadro, lo ganó el Cabildo y no contento el artista con la resolución, se dedicó a realizar multitud de copias que se extendieron por todos los rincones de Castilla con el objeto de rebajar dicho precio hasta el peritado por la Catedral. No dio su brazo a torcer.

3. El Nuncio Viejo


(Nos colocaremos en el Callejón de entrada al Nuncio, frente a la Plaza de Amador de los Ríos o "de Los Postes")

Nos encontramos ahora en el edificio denominado "Nuncio Viejo". En el siglo XVI cuentan las crónicas que el Nuncio de S.S. en España, el Nuncio Ortíz, que vivía en esta casa que tengo a mis espaldas, dejó en testamento sus rentas y bienes, entre los que se encuentra la misma, para la fundación y mantenimiento de un Hospital que se encargaría del recogimiento de todas aquellas personas que necesitaran de cuidados mentales: psicóticos, neuróticos, etc. locos, para que nos entendamos. Ordenó que esta casa se dispusiera de camas a tal fin y sus campos y rentas servirían para el mantenimiento de todos los enfermos que no pudieran costearse sus cuidados. Esta es la razón por la que desde siempre y aún en nuestros días, a los hospitales psiquiátricos se los denomina con el sobrenombre de "el nuncio" aparte de algunos otros.

Esto viene a colación porque al estudiar las figuras pintadas por Doménico Theotocópuli, un eminente psiquiatra portugués, llamado creo recordar Ricardo Jorge, acertó a elaborar una tesis que vendría a explicar tal manera de pintar. Esta hipótesis tuvo una gran repercusión entre gran cantidad de intelectuales y artistas si bien no tanto como otra, que también refutaremos, y a la que haré referencia en su momento. Tal conclusión no era sino la siguiente: El Greco estaba loco. "inadaptado, extravagante, excéntrico, egocéntrico, megalómano y demandista". En suma, paranoico.

Sin embargo, en un esfuerzo merecedor de crédito, otros médicos entre los que cabe destacar al doctor Marañón, declararon como seguro que El Greco, no estaba loco. Al llegar a este punto me viene a la mente una famosa frase que Unamuno decía de sí mismo y es que decía que " a lo sumo tenía ese poco de locura que se necesita para no ser tonto y nada más; o ese bastante de insensatez, dentro aún del molde normal, que se requiere para ser un genio".

Desde luego ninguna duda nos cabe que el Greco amaba a los locos, eran parte de su vida. Y los locos le amaban a él. Hay una anécdota muy curiosa: cuenta el Doctor Marañón, en su magnífica obra digna de lectura por todo "toledanista" que se precie, que cierto día estaba en el Hospital General de Madrid, en una oscura celda de los locos, ya abandonada, cuando de repente descubrió en una de sus paredes lo que califica como el más admirable "San Jerónimo" de cuantos pintara el Greco. Preguntó a una monja anciana que rondaba por el lugar y que de joven contaba que asistió allí a enfermos y quien le respondió al sorprendido doctor: "No sabe usted lo que el Santo Patricarca consolaba a los locos".

No todo concluye aquí, otros estudiosos importantes de su obra, como Cossío, pensaba, tesis esta no refutada hasta nuestros días, que los modelos de sus Apostolados fueron los inquilinos de este manicomio toledano. Locos de barbas blancas, manos enjutas, expresivas y secas, con sus caras asimétricas y sus orejas desiguales. Acaso los mismos modelos se creyeran Apóstoles de verdad.

4. La Iglesia de Santo Tomé


(Acudimos ante la fachada de la iglesia de Santo Tomé Santo Tomé")

Hemos venido hasta la Iglesia de Santo Tomé donde se encuentra uno, quizás el más famoso, de todos los cuadros del Greco, "El Entierro del Conde de Orgaz" del que concretamente no hablaremos, por no ser objeto de esta ruta sino parte de la misma.

Al llegar aquí quiero destacar otra hipótesis, adelantada anteriormente, para explicar la pintura del cretense, reitero, el alargamiento de las figuras . Gran acogida ha tenido, y sigue teniendo en nuestros días a pesar de los esfuerzos refutadores, la hipótesis de que el artista padeciera de astigmatismo, anomalía que hace ver las figuras alargadas. Tal interpretación motivó una muy copiosa bibliografía, a favor o en contra, en todos los idiomas del mundo.

A mi modesto entender, de escaso valor pero conforme, sin duda, con la mentalidad de también prestigiosos estudiosos del asunto. Tal hipótesis es inadmisible. En primer lugar, toda persona que padece de astigmatismo ve las figuras alargadas, cierto, pero siempre dentro de una proporción mientras que las figuras del Greco son absolutamente desproporcionadas. Para Theotocópuli, lo importante no era el alargamiento sino la desproporción. Además, en segundo lugar, cabe argumentar que el Greco, cuando quería, pintaba las figuras sin la menor alteración, éstas eran precisamente los seres humanos y no divinos, a quienes pintaba en su proporción justa, sin la menor alteración. Y en tercer lugar, y ya remontándonos a comienzos de los años ochenta y finales de los setenta, para restaurar algunos de los cuadros del artista se pudo comprobar, a través de la técnica de rayos X, cómo bajo la pintura final el Greco pintaba todas sus figuras en proporciones normales, me explico, primero pintaba (pues nunca dibujó sobre el lienzo para después pintar sino que pintó directamente) las figuras a tamaño real y era en el momento de dar la versión definitiva cuando, digámoslo así, desvariaba.

Todo lo aquí dicho se refleja, más claramente que en ningún otro lugar, en el cuadro que preside la capilla funeraria del Señor de Orgaz, Don Gonzalo Ruiz de Toledo . Para resumirlo diremos que existe un grandísimo contraste (una vez más) entre todos los personajes que asisten al sepelio, que concretamente son personajes de la vida real de la época, intelectuales a quienes el pintor cretense conoció durante su estancia en Toledo, la vieja corte, que aún se resistía al traslado a Madrid, tales como Alonso de Covarrubias, Juan de Herrera, el sacerdote de la Iglesia de Sto. Tomé y otros. Incluso el propio artista se autorretrató. Todos ellos tienen sus proporciones justas. Ahora bien, el alma del conde, que entra en los cielos, se alarga como si fuera una llama de las antorchas que iluminan la escena que, por cierto, ¿a que no os habeis parado nunca a pensar quién las porta?. Ciertamente hay multitud de antorchas pero no las sujeta nadie.

En cambio, al entrar en el reino celestial la desproporción alcanza su máxima expresión en la figura de Jesucristo, la Virgen y los Santos.

Este cuadro lo realizó por encargo del cura párroco de Santo Tomé para la capilla funeraria de tan ilustre personaje. Resulta que Don Gonzalo Ruiz de Toledo, como ya he dicho anteriormente Señor de Orgaz, fue un gran protector de los pobres y bienhechor de las parroquias de Toledo ejecutándose, a su costa, grandes reformas en las mismas por el peligro de ruina que amenazaban; tal es el caso, entre otras, de la Iglesia de los Santos Justo y Pastor de Toledo, o esta misma de Sto. Tomé. Sigue contando la leyenda que, por cierto se encuentra inscrita sobre la tumba del "conde", tan buenas fueron sus obras que al momento de su muerte, cuando se le disponía a enterrar, bajaron del cielo San Agustín y San Esteban quienes hicieron los honores de sepultarlo.

5. El jardín del Armiño

Pues bien, tenemos que hacer un nuevo esfuerzo de imaginación y situarnos en el siglo XVI. En la Monarquía de Felipe II de mentalidad tan fuertemente centralizada, opuesta a la liberalización, y a la Reforma ; o más concretamente en la Contrarreforma. La sociedad se encuentra presidida por el estamento Eclesiástico. No obstante a Felipe II se le conoce como el rey monje. Y todo signo de libertad o de liberalismo es duramente reprimido por el poder. Incluso todo lo que viene de Europa es diabólico y hay que cerrar las fronteras a Satanás, al mundo exterior.

Todos sabemos cuál fue el resultado.

Pues bien, en este contexto tenemos que situar a un extranjero procedente de un país oriental (al menos desde nuestro punto de vista) a quien nada se le había perdido por estas tierras, y al decir Oriental quiero hacer especial relevancia al contacto que tuvo con el mundo judío, tan cercano a él. Soberbio como el que más; El Greco sabía que era un gran pintor, el mejor de todos los tiempos, y lo cobraba así. Se le llamó incluso el artista de los pleitos porque nadie le pagaba la suma que pedía por sus obras puesto que "se pasaba" en sus peritaciones. Y no era para menos, no tenía un duro porque todo se lo gastaba en juergas, diversión, bebida y mujeres.

¿Os imagináis que en todas las comidas el artista pagaba a un grupo de músicos que lo deleitaran mientras degustaba los manjares?

El resultado es que siempre estaba arruinado.

Y por si esto fuera poco, imaginaos, se enamoró de una mujer, Jerónima Cuevas, con quien llegó a tener un hijo, Jorge Manuel Theotocópuli quien llegaría a ser uno de los más eminentes arquitectos de la época: baste recordar que trabajó en las Casas Consistoriales y en la Capilla del Corpus Christi de la Catedral de Toledo. ¿Os imagináis semejante osadía?.

A Jerónima Cuevas se la conoce popularmente como la "Dama del Armiño" que vivía en esta casa, conocida hoy como "Jardín del Armiño" en donde se producían los encuentros amorosos con el artista. Es lamentable que un lugar tan curioso se encuentre en un estado de tanto abandono. Leed las crónicas o los libros escritos sobre dicho lugar y os daréis cuenta de la importancia que el mismo tuvo y que aún hoy, tiene si se llega a tiempo para salvarlo.

6. El convento de Santo Domingo el Antiguo

En anteriores momentos hemos hablado de la gran relación que unía al Greco con los artistas de la época uno de los cuales, como ya dije, era Juan de Herrera quien junto con Nicolás de Vergara "el Mozo" fue el responsable de edificar la Iglesia de este convento por cuenta del Deán de la Catedral , don Diego de Castilla (el mismo que encomendó al artista cretense la confección de "El Expolio de Cristo " para la Iglesia Primada. En este contexto no parece difícil, por tanto, pensar que las notables relaciones entre ellos llevaran a encomendarle al Greco la elaboración del nuevo retable de la Iglesia recién reformada dando lugar, así, a lo que sería la primera obra del artista en la ciudad. A pesar de todo hay que lamentar que de todas los cuadros que lo componen, doce, sólo tres de ellos son originales: San Juan Bautista; San Juan Evangelista y la Resurrección. Los restantes han sido sustituidos por copias al ser vendidos por las monjas para atender a sus necesidades. (Cabría preguntarse sobre la licitud y la ética de dicha venta y si la Iglesia Católica tiene libertad absoluta para la enajenación del legado histórico que las generaciones le han encomendado o si sólamente tiene su uso y disfrute. Pero todo esto es otro tema en el que no entramos.)

Durante toda su vida Doménico Theotocópuli mantuvo magníficas relaciones con las monjas de este convento lo que le llevó a decidir la construcción de una cripta bajo la nave de la Iglesia que sirviera de enterramiento para él mismo y para Jerónima Cuevas así como para sus descendientes, dotando todo ello de suficiente dinero al efecto.

En los documentos guardados en el riquísimo archivo de este Convente así se atestigua.

Pero si las relaciones del pintor cretense eran excelentes, no lo fueron tanto las de su hijo, Jorge Manuel Theotocópuli con las mismas. Los documentos hablan de numerosos pleitos al respecto. Todo ello llevó a Jorge Manuel a decidir la exhumación de los restos de sus padres y trasladarlos a la Iglesia de San Torcuato, recientemente proyectada por él, a una cripta situada también bajo su nave.

Tras la desamortización de Mendizábal el estado de esta Iglesia de San Torcuato (de la que hoy solo queda la portada de la fachada principal en una estrecha calleja de la zona del Paseo de San Cristóbal, frente a la Cuesta de la Reina ) devino en ruina hasta el punto que decidió a las autoridades municipales a su demolición como así se hizo dejando únicamente para la posteridad la portada del templo; sin embargo no se encontró en el derribo ninguna cripta y menos aún ninguno de los restos de que hemos hablado en clara contradicción de lo manifestado anteriormente.

Si, por lo tanto, los restos de la familia Theotocópuli y del mismo Doménico no se encontraban en la Iglesia de San Torcuato. ¿Dónde podían estar?. ¿Acaso no se llevó a cabo el traslado de los mismos hasta dicha iglesia?. La respuesta más lógica nos llevaría a pensar que en la Cripta original de Santo Domingo el Antiguo.

Sólo cabía una cosa. COMPROBARLO.

Es así como a mediados de los años ochenta se decidió reabrir la Cripta para ver qué se encontraba en dicho lugar. Así se hizo y se pudo comprobar cómo esparcidos por el suelo, aparte de algunos trozos podridos de madera, se hallaron unos huesos que analizados condujeron a los especialistas a afirmar que se trataban de los de un hombre y de una mujer. (¿El Greco y Jerónima Cuevas?). Ordenados los restos en una caja se decidió situarlos en el lugar que ocuparían los féretros y se decidió abrir dicha bóveda al público como parte del museo instalado en este Convento.

Pudiera ser que el traslado ordenado por Jorge Manuel Theotocópuli de los cadáveres de sus padres nunca se hubiere llevado a cabo. A nosotros no nos queda más remedio que acudir a la imaginación para decidir en uno u otro aspecto sin que en modo alguno se trate de una cuestión de fe.

Y con este ínterim que hemos realizado desde la llegada de El Greco a Toledo hasta su muerte damos por finalizada esta ruta.

En la Ciudad de Toledo, a 4 de Septiembre de 1.998

festividad de Sta. Rosalía