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Artesanía de Toledo. Armaduras

Artesanía

Armaduras

   

   Las fuentes históricas hacen referencias a los primeros pueblos guerreros que protegieron algunas partes de su cuerpo, sobre todo las más vitales, cabeza y tronco, mediante el uso del casco y la coraza.

   Suele entenderse como armadura, el conjunto de piezas de acero que sirvieron como elemento defensivo de los caballeros y hombres de armas, durante el final de la Edad Media. Pero deberemos ir más lejos e interpretar un sentido más amplio, y denominar armadura al conjunto de armas defensivas que en todos los tiempos han vestido los guerreros.

   Los Iberos utilizaron un casco similar al de los Etruscos, consístíendo en un simple capacete hemisférico que se adapta perfectamente la forma del craneo y presentando en algunas ocasiones adornos, El cuerpo, lo protegían con corazas formadas simplemente por un peto y un espaldar que se amoldaba al cuerpo del que debía usarla. Sabemos que ya en el siglo VIII, los Germanos y los Francos llevaban un sayo sin mangas, de cuero o de lienzo acolchado, que en el siglo XII estaba guarnecido de anillos, mallas o planchas de metal formando una especie de enrejado. Esta prenda era una especie de lóriga, llegando hasta las caderas. Posteriormente ésta llego a cubrir el muslo hasta la rodilla y se añadieron unas mangas que en principio llegaban al codo y se prolongaron posteriormente hasta la muñeca. Los cascos, a partir del siglo X sufren modificaciones consistentes en la introducción de la visera y el yugular, empleándose hasta el siglo XII en el que se sustituye por el bacinete.

   

   En la España del siglo X, lo que proliferó fue la utilización de la lóriga y el capacete, vistiendo bajo éstas una especie de jubón acolchado que protegía del roce y amortiguaba los golpes. Estas lórigas fueron sustituídas en parte por las cotas de malla en el siglo XI, pues su elevado coste sólo estaba al alcance de los caballeros ricos. Las cotas de malla se hicieron más populares cuando en el siglo XIV se inventa el estirado del alambre, llegándose a construir con gran perfección. Es a finales del siglo XIV cuando aparece el arnés de placas, conocido en Castilla con el nombre de «Armadura de punta en blanco». Perfeccionándose y completándose poco a poco, llegando a tener algunas hasta 250 piezas. Fueron empleadas primeramente por las tropas Francas que vinieron a luchar contra Pedro 1 «El Cruel», al lado de Enrique de Tratamara. Todas las piezas se unían al cuerpo mediante correas con hebillas y entre sí por tuercas, ganchos, clavetes y aldabillas. Bajo la armadura solían vestir un traje de malla, cubriendo la cabeza con una capucha que en Castilla se denominaba «Almofar»; que la protegía debajo del casco o celada. La celada, además llevaba una visera para cubrir el rostro, una babera para resguardar la barbilla y la gola para proteger el cuello junto con el cubrenuca. hacia abajo, las diferentes piezas de una armadura eran: La gorguera, el peto, espaldar, falda, escarcelas, guardarrenes para proteger el tronco; los hombros y partes altas de los brazos por los guardabrazos. con sus correspondientes sobaqueras; el brazo y el antebrazo mediante brazales, los codales, el codo, y los cangrejos, la sangría del brazo. Los quijotes, musleras, rodilleras y las grebas defendían las piernas, los escarpes, el empeine y los zapatos herrados guardaban los pies.

   El conocimiento de estas piezas que conformaban un todo muy pesado, nos hace reflexionar sobre la gran maestría que debieron poseer los armeros medievales para revestir a los caballeros de un sistema de protección que les permitiera al mismo tiempo, tener una cierta movilidad.

   Las armaduras españolas, alcanzaron gran fama en el siglo XVI, debido principalmente a su gran temple y resistencia. Muchas armaduras fabricadas en España eran enviadas a Italia para su decoración. Como ocurrió con las espadas, en esta época asistimos al mayor período de esplendor en la fabricación de armaduras. Hasta la mitad del siglo XVI se fabricaron dos tipos de armaduras, las del torneo y las de batalla. Siendo las primeras muy pesadas y con unas superficies muy lisas y pulidas, en la parte del peto sobresalía el ristre que servía como apoyo de la lanza en el momento de acometer. A partir de esta fecha, comienzan a realizarse las conocidas armaduras de gala, adornando las corazas y los cascos con figuras repujads de gran riqueza ornamental, utilizando grabados, nielados, damasquinados o dorados. Igualmente se construyeron armaduras para las cabalgaduras y los perros. Las de los caballos constaban de testera, capizana, flanqueras y barda, quedando únicamente desprotegidas las patas. Las de los perros se las ponían en las cacerías, sobre todo cuando debían enfrentarse con jabalíes, osos u otras especies de gran fiereza y tamaño; se conserva un ejemplar muy curioso en la Real Armería de Madrid y otro en el Museo de la Caza en la reserva de los Quintos de Mora.

   

   Toledo especializó a muchos de sus forjadores y herreros en la fabricación de armaduras y escudos. Los artífices armeros de Toledo estaban sujetos a las Ordenanzas del cabildo como lo estaban los espaderos y demás fabricantes de armas. Con el desarrollo de las armas de fuego se produjo la decadencia de las armaduras, reduciéndose ésta al morrión, peto y espaldar durante el siglo XVII, pasándose a utilizar solamente en algunos desfiles o paradas de gala.

   

   Las armaduras hispanas de los siglos XV al XVII, son tal vez los modelos que más se han venido realizando por los artesanos hasta la actualidad. Armaduras de guerra, armaduras con celada grotesca, arnés de justar a pie, arnés de justa real, arnés de fajas, de parada, medias armaduras y todo tipo de piezas complementarias, pues la mayoría de los pedidos les han llegado de Museos, coleccionistas o para ser utilizados en decoraciones. A parte de algunos artesanos dedicados a cubrir la demanda turística, en la ciudad de Toledo, mencionaremos la cooperativa formada por Félix del Valle, denominada Armaduras Imperiales, y que reúne un grupo importante de los más hábiles artesanos de la forja, trabajando armaduras y piezas defensivas destinadas a clientes nacionales así corno de Estados Unidos, Japón y Francia. Las armaduras, según encargo, se siguen damasquinando, esmaltando o cincelando, teniendo también una gran aceptación las reproducciones en miniatura sobre todo en su versión damasquinada.

   En el Pueblo de Guadamur, Higinio Lorente, consumado artesano de la forja, ha hecho de la fabricación de armaduras su gran especialización. Ha venido fabricando armaduras con los mismos métodos que aprendió de su padre y que a su vez había aprendido éste de un Maestro que trabajaba en el castillo, reproduciendo todas las armaduras, escudos, yelmos, así como un amplio repertorio de obj etos defensivos que sirven como ornato de los salones y estancias del Castillo de Guadamur. La perfección alcanzada por Higinio Lorente, llegó a tal nivel que muchas de sus obras están muy repartidas por Museos y colecciones de Europa y América. Sus piezas son reproducciones exactas de los originales, pues sus métodos absolutamente manuales y su gran destreza en el arte de forjar junto con su sensibilidad, le hacían conseguir réplicas difícilmente diferenciables de las de época. Ildefonso Lorente, hijo de Higinio, continúa trabajando en el taller de Guadamur, manteniendo la fidelidad a este viejo oficio y oponiéndose personalmente a la introducción de cualquier sistema o método no manual.

   Junto a estas posturas puristas y tradicionales, conviven en el panorama artesano M sector, algunas industrias artesanas que han incorporado nuevas tecnologías para lograr así, el abaratamiento de los costes de producción y conseguir productos ornamentales con una aceptable relación calidad-precio.

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Mazapanes Donaire S.L.