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Artesanía de Toledo. Alfarería (Pottery)

Artesanía

Alfarería (Pottery)

   La llamada revolución Neolítica, con el nacimiento de la agricultura y la ganadería, originó la necesidad de almacenamiento de agua y alimentos, y también de todo tipo de recipientes y utensilios domésticos. La arcilla fue y sigue siendo el material apropiado para esta primitiva tecnología que sin duda aprovechó el hombre como un elemento de gran utilidad. En realidad, las figurillas de barro son tan antiguas como las primeras pinturas rupestres. Desde un principio estuvieron asociadas a rituales o conmemoraciones. Vemos que el hombre primitivo utilizó el barro con un doble sentido. Tierra, agua, fuego y aire son elementos primarios en la naturaleza, y de ellos se sirvió el hombre para establecer y organizar su hábitat y su supervivencia física y espiritual.

   La arcilla tiene propiedades que la caracterizan. Conserva la forma que se le da al moldearla y puede convertirse en un material permanente e inalterable por la acción del calor. Existen muchos tipos de arcilla, lo cual permite crear a los alfareros toda clase de piezas y emplear la que más se adapte a sus deseos o necesidades. La arcilla presenta variedades cromáticas múltiples después de su cocción. Las arcillas rojas se cuecen a unos 1,100 grados centígrados, pero son muy variables. Algunas pueden alcanzar temperaturas de gresificación, mientras que otras se funden a los 1,000 grados. La arcilla porosa roja suele usarse para cacharros vaciados, macetas y ladrillos.

   Aunque la diferencia no es absoluta, los alfareros suelen distinguir tres tipos de barro: Loza, gres y porcelana. La loza se cuece entre los 700 y 1,200 grados. Es muy porosa y esto hace necesario barnizarla para quitarle la porosidad. Es fácil de obtener colores brillantes y saturados, ya que muchos de los metales de los barnices, resisten las temperaturas de cocción.

   Para efectuar el proceso de elaboración se parte de la materia prima: Arcilla o tierra greda: que suele extraerse de parajes próximos al taller. Habitualmente se procede a una mezcla entre tierra floja y aveces se le añade un desengrasante como la arena. No obstante, hemos observado en algunos talleres alfareros, el uso de barro ya preparado, lo cual ahorra tiempo y trabajo puesto que el proceso de elaboración es largo y laborioso.

Proceso de elaboración

En la elaboración de un barro, nos encontramos con las siguientes fases:

  • Ablandado y remoje del barro en una balsa o pilar
  • Calado o batido
  • Reposo
  • Amasado. En esta fase el barro se hace homogéneo

   En tiempos pasados, la operación de amasado se efectuaba mediante pisado y posterior amasado con las manos. Algunos alfareros siguen manteniendo esta técnica. Una vez amasado el barro, se procede al secado y posteriormente se almacena.

   Antes de ir a utilizarlo, el barro vuelve a amasarse, para lo cual se extraen del todo pequeñas porciones llamadas pellas. Las piezas se conforman básicamente mediante dos técnicas en las que interviene directamente la mano del alfarero. Son las técnicas del modelado y torneado. Para el torneado, el alfarero se sirve del torno. En la actualidad y debido a necesidades más productivas que creativas, se emplea el torno eléctrico, más rápido y en consecuencia más productivo. Algunos alfareros disponen de un taller en los que manejan indistintamente el torno tradicional y el eléctrico.

   Para la cocción del barro, el alfarero utiliza el horno. En la provincia de Toledo, son muchos los artesanos del barro que siguen utilizando los hornos tradicionales de leña. En los talleres de mayor producción se emplea la mufla, bien eléctrica, bien de propano. La cochura tiene dos fases, una de fuego lento o de precocción y una de fuego alto o de cocción. En nuestros alfares, se trabaja normalmente entre los 800 y 1,100 grados centígrados. En los hornos tradicionales, los alfareros suelen controlar la cochura a ojo. La introducción de los hornos modernos que utilizan nuevos combustibles, ha propiciado un mayor control y exactitud de la cochura, así como una mayor comodidad y limpieza..

   La producción de piezas multiformes, vidriadas o sin vidriar, con engobe o pintadas en frio, tradicionales o de nuevo diseño, coexisten en alfares de toda la provincia. No sin extendernos, citaremos las formas más típicas de nuestros alfares toledaos: Cántaros, botijos, jarras, cazuelas, pucheros, ollas, besugueras, morteros, gazpacheras, botijas, especieras, ollas majas, hornillas, lebrillos, huchas, macetas, bebederos, orzas, alcancías, platos, fuentes, jarrones, juegos de té, campanillas, juegos de café, vajillas, cocinillas, barreñas, grilleras, flautas, caracolas y juguetes.

   El término alfarería se deriva del árabe "fahhâr" o alfarero; siedo alfar el obrador alfarero, su lugar de trabajo habitual. Se cocibe como alfarería a toda obra realizada en barro con la ayuda de un torno giratorio y cocido en horno, vidriada con barniz de alfarero o sin vidriar y cuyo fin básico es el uso doméstico. Originalmente, el hombre se sirvió de todo tipo de utensilios cocidos en barro formando parte del ajuar de los hogares. Hasta principios del siglo actual, se sirvió habitualmente de piezas para condimentar comida, conservarla o para recipientes contenedores de bebidas. Con la revolución industrial, nuevos materiales restan paulatinamente el protagonismo que el barro había mantenido durante milenios. De esta forma, las piezas obtenidas por los artesanos alfareros han ido paulatinamente adquiriendo un uso más decorativo que funcional.

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Mazapanes Donaire S.L.